Con criterio.
Decir que la Inteligencia artificial roba puestos de trabajo me suena como si dijésemos que el tractor o el coche arrebataron en su día el trabajo de burros y bueyes de carga.
Hice un cartel de última hora para mi bar creando la imagen principal en ChatGPT. Versioné uno de los diseños más vendidos de nuestras camisetas creadas por nuestro diseñador, un artista gallego con el que siempre trabajamos en la creación de nuestras marcas, para adaptarlo al evento. Para ello creé una figura de porcelana que respiraba inspiración kitsch por los cuatro costados con nuestros gansos comiendo espagueti con albóndigas a lo “Dama y el Vagabundo”. Suena horrible, pero la figura es maravillosa. Me llevó horas de insomnio desde mis vacaciones en París.
Igual que hubo expertos en la Covid-19, expertos en volcanes, expertos en conflictos internacionales y expertos en cómo hacerse ricos con Bitcoin mientras haces burpees plácidamente; están apareciendo de debajo de las piedras expertos en identificar si una imagen está hecha en Dall-e o no. Hace años, cuando yo me dedicaba a la publicidad, no recuerdo a nadie acercándose a las vallas publicitarias y valorando si estaban hechas con vector o eran píxeles, si las habíamos creado en Photoshop, Illustrator o en un guarro Paint de Microsoft. No importaba la herramienta, solo el resultado.
A raíz de mi obra de arte jugué con unos amigos, a los que llamaremos Los artistas de Cala D’or, a adivinar qué contenido de nuestro Instagram era real y cuál creado por la herramienta. Fue divertido ver cómo estaban convencidos de que fotos que sacamos J. y yo improvisando un estudio en el bar eran consideradas como “clarísimamente” obra de ChatGPT. Como en un juego de ilusionismo, aunque todos sabemos que hay trampa o destreza en lo que hace un mago, queremos pensar que es magia irracional. ¡Qué horrible persona eres si vas a un espectáculo de magia a tratar de destrozar los trucos del mago durante la función!
Cuando el dueño del bar del barrio o el ayuntamiento de turno se lanzan a hacer un cartel con inteligencia artificial, no están quitando puestos de trabajo a nadie porque si no lo hacían de este modo se lo iban a encargar a su primo de una sucursal bancaria que se sacó un curso de UX y UI que le pagó la empresa para propiciar el crecimiento interno dentro de la compañía. Lo que está cometiendo es un delito contra el buen gusto, un atentado contra las retinas de los viandantes. ¡Inhabilitación para esa gente! ¡Deberían ser quemados en una hoguera en el medio de la plaza del pueblo prendida con sus propios carteles impresos! Seguro que arden igual de bien que las camisetas de poliéster con las que se hacen las pruebas en TikTok para demostrar que vas vestida de fast fashion.
Utilizo la inteligencia artificial como herramienta para agrandar mis capacidades y alcanzar resultados mucho mejores a los que podría conseguir por mí misma con un cincel y una piedra. Para buscar referencias y caminos, como método rápido para bocetar ideas e inspirar a las personas con las que trabajo con mayor precisión que con mis dibujos en libreta. Esto último también lo hago, y tiene mucho romanticismo, pero la realidad es que desde que a muy temprana edad mi madre confundió un dibujo de nuestra perra Niebla con un precioso cerdito, supe que ese camino podría traer confusiones innecesarias que nos harían perder tiempo y dinero.
Amo y respeto todas profesiones creativas tanto que no creo en el reemplazo de una máquina. Lo que de verdad me importa es el criterio, la dirección, la sensibilidad. Del mismo modo, no me da miedo que una IA cree imágenes fascinantes. Me da miedo que la gente no sepa distinguir una buena imagen de una mala, al margen de quién la haya creado. Es en el criterio donde yo pongo el foco, porque ahí es donde empieza y termina todo.

Que gusto leerte Marta
Te criterio molt