La Encarta
Mi madre no tenía dinero para comprarme una enciclopedia. Los libros con tantos tomos eran cosa de ricos. El acceso al conocimiento era cosa de ricos. En mis deberes del colegio siempre había algún ejercicio que decía “consulta en la enciclopedia”. Rápido desarrollé mi amor por internet. Creía que me gustaba la informática, pero lo que me gustaba era ser libre.
Mi madre ahorró durante mucho tiempo para comprarme una enciclopedia a tomos porque no quería que mis estudios se viesen afectados por la economía familiar. Se la compró a un señor que llamaba a nuestra puerta mes tras mes con un catálogo de venta a plazos. Cuando consiguió llegar a la Z, a mí ya no me pedían que buscase nada en una enciclopedia. Apenas la usé.
